Hoteles al borde del lleno total y una derrama económica evidente marcaron la temporada alta, mientras los problemas de aseo y alcantarillado quedaron expuestos ante miles de visitantes.
Santa Marta volvió a convertirse en uno de los destinos más concurridos del país durante la temporada de cierre y comienzo de año. A pesar de las fallas persistentes en servicios esenciales como el aseo y el alcantarillado, la capital del Magdalena recibió una masiva afluencia de turistas nacionales y extranjeros, confirmando que su atractivo turístico sigue pesando más que sus deficiencias estructurales.
Desde los primeros días de diciembre, y con mayor intensidad en la semana previa a Año Nuevo, la ciudad comenzó a llenarse de visitantes. Familias enteras, grupos de amigos y viajeros solitarios ocuparon playas, calles y corredores turísticos, generando una imagen repetida de una Santa Marta colmada, dinámica y con alta demanda en todos los sectores ligados al turismo.
El sector hotelero reportó niveles de ocupación elevados, con varios establecimientos operando al límite de su capacidad. Zonas como El Rodadero, Bello Horizonte, el Centro Histórico, Taganga y áreas rurales con oferta turística registraron alta demanda. Apartamentos turísticos, hostales y hoteles evidenciaron reservas completas y poca disponibilidad, reflejando la preferencia del destino para despedir y recibir el año.
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La actividad económica se sintió en toda la ciudad. Restaurantes con filas, playas repletas, comercio activo y transporte funcionando a máxima capacidad marcaron la temporada. Taxistas, lancheros, guías y vendedores encontraron en estos días un respiro financiero, reafirmando el papel del turismo como uno de los principales motores económicos de Santa Marta.
La otra cara del turismo: basura acumulada y alcantarillado colapsado
Sin embargo, mientras la ciudad mostraba su mejor cara al visitante, también dejó al descubierto problemas que siguen sin resolverse. La recolección de residuos sólidos presentó múltiples fallas durante la temporada alta, con acumulación de basura en sectores turísticos y residenciales, generando molestias, malos olores y una imagen negativa para propios y foráneos.
La empresa Atesa, encargada del servicio de aseo, fue blanco de críticas por parte de ciudadanos y actores del sector turístico, quienes cuestionaron su capacidad operativa en uno de los momentos de mayor exigencia para la ciudad. La falta de limpieza, en un destino que vive del turismo, se convirtió en un factor que golpea directamente su reputación.


