Lo que debió ser una fiesta de disfraces en el colegio, terminó en un momento de estrés. Una madre decidió pintar a su hijo para un disfraz, pero sin darse cuenta usó nada más y nada menos que pintura de látex, la misma que se utiliza para paredes.
La mujer pensó que todo era normal y que la pintura saldría fácil, pero cuando intentó quitársela antes de que el papá viera al niño, se dio cuenta de que no había forma de removerla.
Ahí fue donde empezó el problema. La pintura se había pegado a la piel y no salía ni con agua ni con intentos caseros, lo que generó angustia y algo de desesperación en la casa.
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Aunque no se han reportado afectaciones graves, el caso se volvió tema de conversación porque deja una advertencia clara: no cualquier pintura sirve para la piel, y menos cuando se trata de niños.
Al final, lo que iba a ser un disfraz terminó siendo una experiencia incómoda y una lección que seguramente esa mamá no va a olvidar.


