El exvicepresidente falleció en Bogotá tras varios años enfrentando una compleja enfermedad. Su última imagen pública mostró el lado más humano del líder político.
Colombia amaneció sacudida este viernes tras conocerse la muerte de Germán Vargas Lleras, una de las figuras más influyentes y polémicas de la política nacional en las últimas décadas.
El exvicepresidente, exsenador, exministro y líder natural de Cambio Radical falleció a los 64 años en Bogotá, luego de enfrentar durante varios años un cáncer que deterioró progresivamente su estado de salud.
Según se conoció, Vargas Lleras había sido ingresado semanas atrás a la Unidad de Cuidados Intensivos del Centro de Tratamiento e Investigación sobre Cáncer Luis Carlos Sarmiento Angulo y posteriormente trasladado a la Fundación Santa Fe, donde finalmente murió rodeado de un fuerte hermetismo familiar.
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La noticia generó conmoción en distintos sectores políticos del país, no solo por el peso histórico de Vargas Lleras dentro de la derecha colombiana, sino por el papel que desempeñó durante décadas como uno de los dirigentes más influyentes del Congreso y del Ejecutivo.
Abogado, senador durante varios periodos, ministro y vicepresidente de Colombia entre 2014 y 2017, Vargas Lleras construyó una carrera marcada por el poder político, los debates fuertes y una imagen de carácter rígido.
Sin embargo, en los últimos meses el país conoció una faceta distinta del dirigente político. La última fotografía publicada en vida mostró a un hombre alejado del discurso fuerte y las confrontaciones políticas: sentado junto a su nieto Agustín, usando gorra verde y visiblemente afectado por la enfermedad.


