La historia de Laura y Álvaro, dan cuenta de las fallas evidentes en el sistema de revisión a personas que llegaban del exterior.
Desde el momento en que se detectó la presencia del COVID-19 en una joven de 20 años proveniente de Milán, las alarmas en Colombia se activaron y a su vez los protocolos en las terminales aéreas y marítimas del país, pero con algunas fallas, que a juicio de los viajeros internacionales le abrieron grietas al virus para que llegara y contagiara, hasta el momento, a más de mil personas.
El testimonio de quienes salieron previo a la pandemia e ingresaron en el pico más alto a nivel internacional, dan fe que la propagación importada pudo haberse controlado, pero el ahorro de esfuerzos en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, por ejemplo, aceleró el contagio en el país.
La sensación de Laura Martínez, una cantante profesional egresada de una importante universidad de Barranquilla, es compartida por cientos de connacionales que han expresado su inconformidad sobre los controles desplegados para la identificación de coronavirus.
“Hace 5 meses vengo trabajando con una compañía de cruceros, estuve fuera de Colombia por todo ese tiempo. Mi experiencia cuando llegué a mi país no llenó mis expectativas de salubridad. Cuando aterricé en El Dorado no tomaron medidas relevantes, solo me tomaron la temperatura con un sensor y nos hicieron llenar un formulario, una constancia en la que nos dejaban a nuestra libertad decir si teníamos o no el virus. Luego nos recomendaron que debíamos cumplir el aislamiento en casa”, aseguró Martínez.

Por su lado, Álvaro Silva también se llevó ese sinsabor con estas medidas. Procedente de Australia, donde tuvo que adelantar el viaje de regreso por el cierre de frontera decretado por la Presidencia de la República, analizó la falta de rigurosidad de las medidas que se implementaron a su regreso, lo que no le sorprendió porque en Sídney no le realizaron un chequeo para abordar el avión.
“Salí muy preocupado por todo el caos que se rumoraba de viajes cancelados o postergados. Hice escala en Chile donde nos tomaron la temperatura y me preguntaron si tenía o no algún síntoma, lo cual se replicó a mi llegada a Bogotá, con la diferencia de la firma del acta de ingreso. Lo positivo que vi fue que había dispensadores de antibacterial por todos lados. Había muchísima gente” dijo Silva.
Álvaro viajó de Bogotá a Santa Marta, pero a su llegada a la ciudad se estrelló por segunda vez, nadie le preguntó su procedencia. “Si yo no digo que vengo de otro país nadie se percata a preguntarme. Los controles fueron deficientes, la verdad”.
La inseguridad aeroportuaria significó para los viajeros motivo de desconfianza. “Estuve en contacto con muchas personas en lo cruceros, estuve expuesta, y aunque haya guardado las medidas de salud tenían que hacerme un control más riguroso” dijo Laura.

Para el caso de Álvaro, que cuando salió de Australia ya este país registraba 900 contagiados, aguarda en casa, no presenta ningún síntoma igual que Laura, pero también precisa que los controles pudieron ser mejores, pues, la falta de meticulosidad posibilitó la propagación rápida de los primeros casos de COVID-19.
