El funcionario, de 54 años, fue atacado a tiros por hombres que se movilizaban en motocicleta cuando se dirigía a iniciar su jornada laboral en el centro penitenciario de Girón, Santander. Las autoridades analizan si el crimen está relacionado con amenazas previas contra el establecimiento carcelario.
Las autoridades avanzan en la investigación del homicidio del inspector del Inpec Efraín Quesada Urrego, quien falleció luego de ser víctima de un ataque armado en inmediaciones de la cárcel de Palogordo, en Girón, Santander.
El funcionario, de 54 años, se desplazaba hacia el establecimiento penitenciario en las primeras horas de la mañana cuando fue interceptado por hombres armados que se movilizaban en motocicleta. El atentado ocurrió en cercanías de la finca Los Naranjos, a pocos metros del ingreso al penal.
Tras el ataque, compañeros del Inpec que se encontraban en la zona acudieron a prestarle auxilio y lo trasladaron de inmediato a la Clínica Foscal, en Floridablanca. Allí fue intervenido quirúrgicamente, pero los esfuerzos médicos no fueron suficientes para salvarle la vida debido a la gravedad de las lesiones.
Conocido el fallecimiento del inspector, unidades del CTI de la Fiscalía y de la Policía Judicial iniciaron las labores investigativas para establecer quiénes ejecutaron el crimen y cuáles fueron los móviles del ataque.
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Entre las hipótesis que cobran fuerza figura una posible relación con las amenazas lanzadas semanas atrás contra la cárcel de Palogordo. El pasado 10 de julio, las autoridades desactivaron un artefacto explosivo abandonado cerca del centro carcelario y, junto a este, encontraron un mensaje atribuido al grupo delincuencial ‘Los Costeños’, en el que exigían el traslado de algunos de sus integrantes recluidos en ese penal.
Los investigadores analizan si ese antecedente tiene alguna conexión con el asesinato del inspector, aunque por el momento no existe un pronunciamiento oficial que confirme ese vínculo.
Efraín Quesada contaba con varios años de servicio en el sistema penitenciario colombiano. Antes de llegar a Palogordo también trabajó en la cárcel de máxima seguridad de La Tramacúa, en Valledupar. Quienes lo conocieron lo recuerdan por su dedicación al trabajo y por su cariño hacia los animales, especialmente los perros de la guardia canina. Su esposa también hace parte del Inpec.


