Más de 100 barrios y el Centro Histórico permanecieron sin energía durante más de diez horas. Comerciantes reportaron millonarias pérdidas, pacientes encontraron consultorios cerrados y el rugido de las plantas eléctricas se convirtió en la banda sonora de una jornada que golpeó la economía de la ciudad.
Lo que debía ser un lunes normal terminó convirtiéndose en una de las jornadas más difíciles para cientos de comerciantes, empresarios y ciudadanos en Santa Marta. El racionamiento programado de energía dejó sin servicio eléctrico durante más de diez horas al Centro Histórico y a más de un centenar de barrios, paralizando gran parte de la actividad económica y afectando la prestación de servicios públicos y privados.
Desde las primeras horas del día, el panorama fue completamente distinto al habitual. En lugar del bullicio propio del comercio y del turismo, el Centro Histórico estuvo dominado por el estruendo de decenas de plantas eléctricas funcionando al mismo tiempo. El constante ruido de los generadores, el olor a combustible y las altas temperaturas marcaron una jornada que muchos calificaron como caótica.
Mientras algunos establecimientos lograron mantenerse abiertos gracias al uso de plantas eléctricas, muchos otros no tuvieron otra opción que cerrar sus puertas. En vitrinas y edificios aparecieron avisos informando la suspensión de la atención al público debido a la falta del servicio de energía.
Las consecuencias también alcanzaron al sector salud. Pacientes que tenían consultas médicas y odontológicas programadas encontraron los consultorios cerrados y debieron regresar a sus hogares sin ser atendidos.A
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Una situación similar vivieron decenas de ciudadanos que acudieron a realizar diligencias en entidades públicas y privadas. Gerardo Gómez, por ejemplo, llegó hasta el Palacio Episcopal para realizar un trámite, pero encontró las instalaciones cerradas por el corte de energía, perdiendo tiempo y dinero en un desplazamiento que terminó siendo en vano.
Los bancos también registraron limitaciones en la atención, mientras que varios cajeros automáticos quedaron fuera de servicio, afectando especialmente a turistas que buscaban retirar efectivo para realizar compras en el Centro Histórico.
La movilidad tampoco escapó a las consecuencias del apagón. La salida de funcionamiento de numerosos semáforos provocó congestiones en varios corredores viales y obligó a agentes de tránsito a intervenir manualmente para evitar accidentes durante las horas de mayor flujo vehicular.
En el sector educativo, varios colegios suspendieron sus actividades, acumulando ya cuatro lunes consecutivos sin clases debido a la combinación de festivos, un día cívico y ahora el racionamiento eléctrico.
El comercio fue el gran perjudicado
El mayor impacto se sintió entre los comerciantes. Varias megatiendas permanecieron cerradas durante toda la jornada y numerosos establecimientos trabajaron con serias dificultades debido al intenso calor, la baja afluencia de clientes y los problemas para recibir pagos electrónicos ocasionados por las fallas en la conectividad.
Yoneris Toro, administradora del almacén Payless, cuestionó la decisión de programar el mantenimiento un lunes, uno de los días con mayor movimiento comercial.
“¿Cómo es posible que hagan un corte un lunes, cuando son los días que mejor nos va en la semana? Un domingo habría afectado mucho menos al comercio”, expresó.
Además del desplome en las ventas, señaló que mantener una planta eléctrica funcionando representa un gasto adicional considerable por el costo del combustible, sin contar la contaminación acústica que soportaron durante toda la jornada.
La misma preocupación manifestó Luz Mila Cardona, administradora del almacén D’Moda, quien describió un día con muy pocos compradores y condiciones laborales difíciles debido al intenso calor.
“Uno termina completamente agotado. Pero lo más preocupante es que prácticamente no hubo ventas”, aseguró.
Para los comerciantes, la programación de este tipo de mantenimientos debería realizarse en horarios o días que ocasionen un menor impacto económico, especialmente evitando los primeros días del mes, cuando tradicionalmente aumenta el flujo de compradores.


