La gobernadora del Magdalena denunció amenazas, presiones y hostigamientos, pero evitó señalar responsables. Sin embargo, Código Prensa, portal de propiedad de Yanis Moscote, actual secretario privado y asesor de la mandataria, interpretó el pronunciamiento como una toma de distancia frente al movimiento político de Carlos Caicedo y Rafael Martínez. El episodio abre nuevos interrogantes sobre una relación que viene mostrando señales de deterioro.
La denuncia de amenazas y presiones realizada por la gobernadora del Magdalena, Margarita Guerra, abrió un nuevo capítulo político en el departamento. La mandataria fue cuidadosa: habló de hostigamientos, descalificaciones, humillaciones y ataques contra ella y su familia, pero en ningún momento reveló quiénes estarían detrás de esos hechos.
Sin embargo, una publicación surgida desde un medio estrechamente relacionado con su propio círculo de gobierno llevó la controversia mucho más lejos.
Código Prensa, portal digital de propiedad de Yanis Moscote, quien desde el 22 de junio de 2026 se desempeña como secretario privado y asesor de Guerra, presentó el pronunciamiento de la mandataria bajo una interpretación política contundente: “‘El Magdalena no tiene dueño’: la carta con la que Margarita Guerra le marcó distancia al caicedismo”.

La publicación resulta especialmente relevante porque Moscote no es un observador ajeno a la administración departamental. Actualmente ocupa uno de los cargos de mayor cercanía con la gobernadora y hace parte de su equipo de confianza.
Aunque el artículo tampoco señala directamente que Carlos Caicedo o Rafael Martínez sean responsables de las amenazas denunciadas por Guerra, sí vincula el contenido político de su comunicado con una ruptura o distanciamiento frente al movimiento que respaldó su llegada al Palacio Tayrona.
Y esa interpretación profundizó una pregunta que desde hace semanas circula en los sectores políticos del Magdalena: ¿Margarita Guerra está preparando oficialmente su ruptura con el caicedismo?
Una denuncia grave, pero sin nombres
La controversia comenzó con el pronunciamiento de Guerra, quien aseguró que durante los últimos meses ha enfrentado situaciones que terminaron afectando incluso a su familia.
“He soportado ataques permanentes, amenazas, presiones, descalificaciones, insultos, múltiples humillaciones y una injusta exposición pública”, manifestó la gobernadora en el comunicado dirigido a la opinión pública.

Guerra explicó que inicialmente había optado por guardar silencio, pero decidió hacer pública la situación ante la dimensión que habrían alcanzado las presiones.
La mandataria, sin embargo, dejó por fuera un elemento fundamental: la identidad o procedencia de quienes presuntamente la están intimidando.
Tampoco estableció públicamente una relación entre las amenazas y Carlos Caicedo, Rafael Martínez o Fuerza Ciudadana. Por ello, hasta que las autoridades determinen responsables, cualquier señalamiento sobre la autoría de las intimidaciones permanece en el terreno de las hipótesis.
Pero su mensaje tuvo un fuerte contenido político
“El Magdalena no tiene dueño. No es de colores, no es de apellidos, ni es de sectores exclusivos”, expresó Guerra.
La frase inmediatamente generó interpretaciones debido a que la gobernadora llegó al poder respaldada precisamente por el proyecto político que durante más de una década encabezó Carlos Caicedo en Santa Marta y posteriormente en el Magdalena.
El medio de su secretario privado puso nombre político a la controversia
Código Prensa llevó esa lectura un paso más adelante.
El portal sostuvo que el comunicado podía entenderse en dos dimensiones: la denuncia de una mandataria que asegura estar siendo hostigada y, paralelamente, el pronunciamiento de una gobernadora que estaría enviando un mensaje hacia un sector de la coalición política de la cual surgió.
“En ninguna línea del texto aparece un nombre propio. No hacía falta”, señaló el medio. Posteriormente agregó: “El comunicado se lee en dos niveles. Uno es el de la mandataria que denuncia hostigamiento y pide respaldo ciudadano. El otro es el de una jefa de gobierno que le está hablando a un sector muy concreto de su propia coalición”.
La trascendencia política de esas afirmaciones está precisamente en quién está detrás del portal.
Yanis Moscote asumió el 22 de junio como secretario privado de la Gobernación y asesor de Margarita Guerra, convirtiéndose en uno de los funcionarios de mayor proximidad a la mandataria.
Por esa razón, aunque la publicación corresponde editorialmente al medio y no constituye una declaración oficial de la Gobernación, su interpretación adquiere un peso diferente al provenir de un portal cuyo propietario forma parte del círculo inmediato de la mandataria.
Código Prensa incluso tituló abiertamente que Guerra había “marcado distancia al caicedismo”.
Las palabras que alimentaron la interpretación
El pronunciamiento de la gobernadora contiene otros apartes que incrementaron las especulaciones.
Guerra afirmó que parte de las resistencias que ha encontrado estarían relacionadas con decisiones adoptadas durante su administración.
Entre ellas mencionó “gobernar con autonomía, corregir lo que estaba mal, depurar cuando corresponde y poner siempre por delante el interés general”.
También advirtió que continuará siendo una gobernadora “alegre, pero también con carácter y mano fuerte para tomar las decisiones que se necesiten para corregir los errores del pasado”.
Es justamente la referencia a “depurar” y a los “errores del pasado” la que adquirió una dimensión especial dentro de la controversia política.
Guerra recibió la administración departamental de Rafael Martínez, dirigente perteneciente al mismo proyecto político que la respaldó electoralmente. Antes de Martínez, Carlos Caicedo había gobernado el Magdalena y consolidado a Fuerza Ciudadana como la principal estructura política detrás de las últimas administraciones departamentales.
Por eso, cuando Guerra habla de corregir actuaciones del pasado y depurar la administración, inevitablemente surge el interrogante sobre a qué periodo y a qué funcionarios se refiere.
Los movimientos dentro del Palacio Tayrona
Las dudas tampoco nacen exclusivamente del comunicado.
Desde que asumió el gobierno departamental, Guerra ha realizado modificaciones en su equipo y ha declarado insubsistentes a funcionarios identificados políticamente con administraciones anteriores, mientras ha ido conformando un círculo propio de colaboradores.
Esos movimientos administrativos, sumados a sus recientes apariciones públicas, declaraciones y mensajes alrededor de la autonomía para gobernar, vienen siendo interpretados por sectores políticos del Magdalena como señales de un proceso de separación frente a la estructura que originalmente respaldó su proyecto.
Analistas políticos consultados consideran que el episodio debe leerse más allá de los cambios normales que cualquier mandatario puede realizar dentro de su gabinete.
Según esta lectura, Guerra estaría intentando construir progresivamente una identidad política propia, alejándose de la percepción de que su administración constituye una continuidad automática del proyecto de Caicedo y Martínez.
Uno de los analistas consultados explicó que “cuando una mandataria que proviene de una estructura política comienza a reivindicar públicamente su autonomía, habla de depuración, cuestiona errores del pasado y cambia funcionarios vinculados con esa estructura, el mensaje político existe, aunque todavía no haya una declaración formal de ruptura”.
Otro conocedor de la política regional señaló que “la gobernadora parece estar construyendo un equipo que responda directamente a ella. Eso puede ser simplemente ejercicio de autoridad administrativa, pero en el contexto político del Magdalena cada movimiento adquiere una lectura sobre su relación con el caicedismo”.
Rafael Martínez respondió con solidaridad
En medio de las especulaciones, el exgobernador Rafael Martínez optó por un mensaje de respaldo a Guerra y buscó desactivar públicamente cualquier interpretación que lo relacionara con las presiones denunciadas.
Martínez manifestó solidaridad con la mandataria frente a las amenazas y expresó su acompañamiento ante cualquier situación que pueda poner en riesgo su seguridad y la de su familia.

Su respuesta contrastó con las interpretaciones sobre una confrontación abierta entre ambas orillas y, al menos públicamente, mantuvo un tono de respaldo hacia quien llegó a la Gobernación con el apoyo del mismo proyecto político.
Sin embargo, el mensaje no cerró el debate.
Mientras Martínez procuró bajar la temperatura de las especulaciones, el portal propiedad del secretario privado de Guerra sostuvo abiertamente que la gobernadora había marcado distancia del caicedismo.
Ese contraste terminó aumentando las preguntas alrededor de lo que está ocurriendo internamente.
Una alianza que llevó a Guerra hasta la Gobernación
Para comprender la dimensión de la controversia es necesario mirar el origen político de Margarita Guerra.
Su llegada a la Gobernación estuvo respaldada por el movimiento que construyeron Carlos Caicedo y Rafael Martínez en Magdalena. Guerra hizo parte de una línea política que gobernó primero Santa Marta y posteriormente consiguió extender su influencia al departamento.

Caicedo se convirtió durante años en la figura central de ese proyecto, mientras Martínez fue uno de sus dirigentes más cercanos y posteriormente asumió la Gobernación.
Guerra recibió, por tanto, una administración encabezada previamente por integrantes del mismo sector que impulsó su candidatura.
Ese antecedente convierte cualquier referencia a “errores del pasado”, “depuración” o independencia frente a “apellidos” y “sectores exclusivos” en un mensaje políticamente sensible.
Y explica por qué el artículo publicado por Código Prensa produjo mayor ruido que una interpretación realizada por cualquier otro portal.
¿Ruptura política o ejercicio de autonomía?
Hasta ahora, Margarita Guerra no ha anunciado formalmente una ruptura con Carlos Caicedo, Rafael Martínez ni con el proyecto político que la acompañó hasta la Gobernación.
Tampoco ha dicho que ellos tengan relación con las amenazas denunciadas.
Esa precisión resulta fundamental.
Una cosa es la investigación sobre quiénes estarían detrás de las intimidaciones contra la gobernadora y otra, distinta, la discusión sobre el deterioro de sus relaciones políticas con el caicedismo. Por ahora no existe públicamente un elemento que permita unir ambas situaciones como un hecho demostrado.
Lo que sí existe es una sucesión de señales políticas.
Cambios en el gabinete, salida de funcionarios identificados con anteriores administraciones, conformación de un equipo propio, reivindicación pública de autonomía y ahora un comunicado en el que Guerra habla de “depurar”, “corregir errores del pasado” y recuerda que “el Magdalena no tiene dueño”.
A ello se suma que un medio propiedad de su secretario privado decidió interpretar el mensaje de manera inequívoca como una toma de distancia frente al caicedismo.
El interrogante que queda abierto
La gobernadora deberá enfrentar ahora dos discusiones paralelas.
La primera es institucional y de seguridad: establecer quién está detrás de las amenazas que asegura haber recibido y determinar si las intimidaciones tienen alguna relación con decisiones tomadas desde el Palacio Tayrona. Ese asunto deberá quedar en manos de los organismos competentes.
La segunda es eminentemente política.
Margarita Guerra tendrá que definir hasta dónde llega la autonomía que está reivindicando y cuál será su relación con el movimiento que respaldó su llegada al poder.
Por ahora, Carlos Caicedo y Rafael Martínez no han sido señalados por la gobernadora como responsables de las amenazas. Martínez, incluso, respondió públicamente expresándole solidaridad.
Pero desde un medio propiedad de uno de los funcionarios más cercanos a Guerra ya apareció una interpretación que hasta ahora la propia gobernadora había evitado expresar directamente: que detrás de su mensaje existe un distanciamiento político frente al caicedismo.
La pregunta que queda instalada en Magdalena ya no es solamente quién amenaza a Margarita Guerra.
También es hasta dónde llegará la ruptura política que comienza a dibujarse alrededor de su gobierno y si la mandataria terminará oficializando una independencia frente al proyecto que la llevó al Palacio Tayrona.


