En La Guajira, la historia de un joven que terminó en medio de un operativo militar no solo deja un resultado operativo, sino también una historia marcada por advertencias, decisiones y un final que muchos dicen ya se veía venir.
En la vereda Kamuishisain, zona rural de Uribia, murió Alan Salón Romero Fragoso durante un enfrentamiento con tropas del Ejército. Según versiones preliminares, el joven estaría vinculado a una estructura armada y haría parte del círculo de seguridad de alias ‘Naín’.
Pero detrás del reporte oficial hay otra historia, una que no se cuenta en cifras ni en comunicados: la de una madre que intentó cambiar ese destino.
Quienes conocieron el caso aseguran que ella lo buscó una y otra vez. Le habló claro, le pidió que se apartara de ese entorno y que no siguiera rodeado de personas que podían arrastrarlo a problemas. No fue una sola vez. Fueron muchas. Entre llamados, advertencias y silencios, trató de traerlo de vuelta.
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Sin embargo, el tiempo pasó y él tomó otro rumbo. Poco a poco se fue alejando de su casa, de su gente y de todo lo que alguna vez fue su refugio. Cambió de círculo, cambió de vida… y ese camino terminó llevándolo a un punto sin retorno.
Hoy, tras su muerte, las palabras de su madre vuelven a cobrar sentido. En redes sociales, sus mensajes reflejan ese dolor que queda cuando se hizo todo lo posible, pero no fue suficiente. Recuerdos, súplicas y fragmentos de una relación que se fue rompiendo con el tiempo.
Mientras avanzan las investigaciones sobre lo ocurrido en esa zona del país, su historia se suma a muchas otras que terminan igual: decisiones que pesan, caminos que no tienen vuelta y advertencias que, aunque llegan a tiempo, no siempre son escuchadas.


