Siete cabecillas de la Segunda Marquetalia, entre ellos alias ‘Iván Márquez’ y ‘Jhon 40’, fueron señalados como responsables de planear el asesinato que estremeció la política nacional.
El asesinato de Miguel Uribe Turbay dejó de ser un rompecabezas sin piezas claras. Meses después del atentado que terminó con su vida, las autoridades colombianas dieron un paso clave: identificar y ponerle rostro a quienes habrían ordenado el crimen.
En el centro de la investigación aparece la disidencia guerrillera conocida como Segunda Marquetalia, señalada de estructurar toda la operación criminal. Dentro de esa estructura, nombres históricos del conflicto armado vuelven a ocupar titulares: Iván Márquez, Jhon 40 y otros mandos serían los responsables de coordinar el magnicidio.
Las autoridades no solo emitieron órdenes de captura contra siete integrantes de esta organización, sino que también activaron una ofensiva para dar con su paradero. Sobre la mesa hay cifras que reflejan la magnitud del caso: recompensas de hasta 5.000 millones de pesos por información que permita ubicarlos.
De acuerdo con la Fiscalía, el crimen no fue un hecho aislado ni improvisado. Se trató de una operación planificada, con una red que incluyó logística, seguimiento y ejecución a través de estructuras urbanas criminales.
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El atentado ocurrió en junio de 2025 durante un evento político en Bogotá, cuando el entonces senador y precandidato presidencial fue atacado a disparos. Murió semanas después, convirtiéndose en uno de los episodios más graves de violencia política en las últimas décadas en el país.
Las investigaciones también han dejado al descubierto una cadena de responsabilidades que ya suma capturas y condenas. Sin embargo, el foco sigue puesto en los máximos jefes, considerados los autores intelectuales de un crimen que, según las autoridades, buscaba generar un impacto directo en la estabilidad democrática.
En paralelo, el caso ha encendido el ambiente político. Las revelaciones han provocado acusaciones cruzadas entre sectores, elevando la tensión en medio del camino hacia las elecciones presidenciales.
Mientras tanto, la búsqueda continúa. Con millonarias recompensas y órdenes de captura vigentes, el Estado intenta cerrar uno de los capítulos más delicados de la historia reciente, donde la política, la violencia y el poder volvieron a cruzarse de forma trágica.


