El exgobernador del Magdalena decidió retirarse de la carrera presidencial a una semana de las elecciones y selló una alianza con Iván Cepeda. Expertos consideran que más que un acuerdo programático, se trató de una jugada para evitar un fracaso total en las urnas que terminara por sepultar el capital político que aún conserva en el Magdalena.
Carlos Caicedo recorrió el país, llenó auditorios, cambió colores, reinventó el discurso de Fuerza Ciudadana y trató de venderse como una alternativa distinta dentro de la izquierda colombiana. Pero nada de eso logró mover las encuestas.
Durante meses insistió en una propuesta que convirtió en bandera: pagarle a los jóvenes por estudiar. También intentó posicionar como modelo nacional los programas sociales y educativos que asegura haber impulsado con resultados en Santa Marta y el Magdalena. Sin embargo, su campaña nunca logró despegar dentro de una contienda completamente absorbida por la polarización entre los grandes bloques de derecha e izquierda.
A una semana de las elecciones presidenciales, Caicedo terminó haciendo lo que muchos analistas políticos veían venir desde hace tiempo: bajarse de la carrera y adherirse a la campaña de Iván Cepeda.
Para el analista político y docente universitario Julián Pacheco Restrepo, consultado por Santa Marta Al Día, la decisión del líder de Fuerza Ciudadana fue menos ideológica y mucho más estratégica.
“Caicedo entendió que seguir hasta el final representaba un riesgo enorme. Si llegaba a las urnas y obtenía una votación muy baja, quedaba debilitado no solamente frente al país, sino frente a su propio fortín político en el Magdalena. Era exponerse a confirmar públicamente que su poder electoral ya no es el mismo”, explicó.
Una campaña costosa que nunca despegó
Aunque el exgobernador realizó una intensa agenda nacional, visitó varias regiones y trató de consolidar una narrativa propia, las mediciones nunca mostraron crecimiento sostenido ni un fenómeno electoral sorpresivo alrededor de su candidatura.
El panorama se volvió todavía más complejo por la crisis interna de Fuerza Ciudadana. La salida de varios dirigentes, los golpes judiciales y las fracturas dentro del movimiento terminaron impactando la capacidad de movilización que durante años convirtió al caicedismo en una maquinaria poderosa en el Magdalena.
“Su único bastión real seguía siendo el Magdalena. Y aun ahí ya existían dudas sobre qué tanto quedaba de aquella fuerza electoral dominante. Caicedo sabía que una mala votación podía convertirse en su lápida política definitiva”, añadió Pacheco Restrepo.
Según el experto, el exalcalde de Santa Marta tenía inicialmente un objetivo distinto: llegar vivo a la primera vuelta y utilizar el caudal electoral que lograra para negociar un acuerdo de alto nivel con Gustavo Petro o con Iván Cepeda.
“Él aspiraba a convertirse en un actor decisivo. Mostrar unos cientos de miles de votos y sentarse a negociar participación burocrática, ministerios o cuotas de poder. Pero cuando vio que las cuentas no daban, decidió adelantar el acercamiento antes de terminar completamente debilitado”, sostuvo.
El cierre en Ciénaga: la carta para negociar
La principal jugada política de Caicedo antes de anunciar su adhesión fue el masivo cierre de campaña realizado en el municipio de Ciénaga. Las imágenes de una multitud acompañándolo terminaron convirtiéndose en el principal activo que llevó a la mesa de negociación con la campaña de Cepeda.
El evento llamó la atención dentro del escenario electoral porque mostró que, pese al desgaste, Caicedo todavía conserva capacidad de convocatoria en sectores del Magdalena.
“Ese cierre fue el mensaje que necesitaba enviar: todavía tengo gente, todavía puedo mover votos y todavía puedo ser útil electoralmente”, señaló el analista.
Pocas horas después llegó la rueda de prensa extraordinaria en la que Iván Cepeda oficializó la adhesión del exgobernador. Allí sorprendió el tono conciliador del candidato presidencial, quien prácticamente enterró los cuestionamientos que en otros momentos lanzó contra Carlos Caicedo.
Cepeda lo definió como “un gran líder que ha aportado a la transformación del Magdalena” y aseguró que su llegada fortalece una “revolución de verdad” con la que esperan ganar en primera vuelta.
La escena dejó una conclusión clara para muchos sectores políticos: en tiempos electorales, las diferencias terminan subordinadas a la necesidad de sumar votos.
¿La apuesta por un ministerio?
Aunque públicamente Caicedo insiste en que la unión responde a acuerdos programáticos, expertos consideran que detrás de la decisión también existe una apuesta de supervivencia y reposicionamiento político.
“La estrategia le terminó funcionando. Se bajó antes del golpe electoral y logró convertirse en aliado necesario de una campaña con opción real de poder. Eso le permite mantenerse vigente y eventualmente aspirar a una cuota importante dentro de un futuro gobierno”, afirmó Pacheco Restrepo.
Uno de los nombres que vuelve a aparecer sobre la mesa es el Ministerio de Educación, cargo que, según distintos sectores políticos, Caicedo habría querido ocupar durante el gobierno Petro, pero que finalmente nunca recibió.
Ahora, tras sellar su respaldo a Cepeda en plena recta final, el líder del Caicedismo vuelve a moverse cerca del poder nacional. Y aunque oficialmente habla de acuerdos programáticos y unidad política, para muchos el verdadero objetivo era evitar terminar cayendo solo al vacío.


