Los cafeteros se han visto afectados por el alza de precios de fertilizantes y otros insumos, pero auguran una buena venta.
El café del Magdalena, en especial el de la Sierra Nevada de Santa Marta, es rico en atributos y propiedades, además, las zonas de cultivo le añaden la suavidad que lo caracteriza y ha hecho merecedor de la denominación de origen.
Los productores del Magdalena atraviesan por una situación complicada derivada de las manifestaciones en el marco del Paro Nacional que se desarrolla en Colombia y por la crisis económica y sanitaria generada por el Covid-19.
Alza de precios
Edgar Ramírez, director ejecutivo del Comité de Cafeteros del Magdalena, precisó que si bien la temporada de café en el Magdalena inicia en octubre y no hay complicaciones en las exportaciones, si hay afectaciones por el alza de precios de los insumos.
“Por su ubicación, el Magdalena tiene condiciones de producción diferentes, no tenemos dificultados por la compra de cosecha ni exportación, no obstante, en el proceso del cultivo tenemos afectación por el aumento de costos de producción, insumos, sobre todo el fertilizante porque estos elementos entran al país por el Puerto de Buenaventura”, precisó Ramírez.
En medio del Covid-19
En cuanto a la situación actual por la pandemia, afirma el Director ejecutivo del Comité de Cafeteros del Magdalena, que la cosecha del año pasado se puso llevar a cabo sin grandes complicaciones.
Asimismo, esperan que este año pueda realizarse de la misma manera y que se logre avanzar con la vacunación de los campesinos que se encuentran en la Sierra Nevada para garantizar una cosecha exitosa y biosegura.
“Terminada la cosecha hemos comenzado a tener casos, tenemos familias enteras afectadas, otras que se han recuperado. No nos podemos confiar, seguimos dando la batalla y difundiendo los protocolos de bioseguridad para que se apliquen”, precisó.
Café que se producen en la Sierra Nevada
El café del Magdalena se cultiva por comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, en los municipios de Ciénaga, Santa Marta, Fundación y Aracataca.
Estos cultivos albergan aproximadamente a 4.914 familias que cultivan 17.917 hectáreas de café arábico de las variedades Castillo, Colombia, Caturra, Típica, Cenicafé 1 y Tabí y están ubicadas en 5.178 fincas.
“El cultivo que tenemos no posee ninguna distinción entre cultivadores indígenas, afros o empresarios porque todos adoptan el mismo proceso. Todo el café de esta zona del país tiene un perfil suave, un aroma y cuerpo alto que nos diferencia del resto del país”, manifestó Edgar Ramírez.
