El balance oficial también reporta 16.740 heridos y 17.907 personas que perdieron sus viviendas. Familiares de desaparecidos rechazan la demolición de edificios colapsados al considerar que aún podría haber sobrevivientes bajo los escombros.
La tragedia provocada por el doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela el pasado 24 de junio continúa dejando un panorama devastador. El balance oficial elevó a 4.829 el número de fallecidos, mientras que 16.740 personas permanecen registradas como heridas y 17.907 quedaron damnificadas tras perder sus viviendas, cifras que reflejan la magnitud del desastre.
Aunque las autoridades continúan con las labores de asistencia humanitaria y reconstrucción, el proceso ha comenzado a generar una fuerte controversia. El Gobierno ha identificado cerca de 190 edificios con daños estructurales irreparables que deberán ser demolidos como parte del plan de recuperación de las zonas afectadas.
La posibilidad de iniciar estas demoliciones ha sido rechazada por familiares de personas desaparecidas y residentes de las áreas más golpeadas, quienes aseguran que aún podrían existir sobrevivientes atrapados entre los escombros. Los afectados cuestionan que las labores oficiales de búsqueda hayan concluido y piden que se realicen nuevas inspecciones antes de remover las estructuras colapsadas.
A la incertidumbre se suma que las autoridades venezolanas no han divulgado una cifra oficial de desaparecidos, argumentando que aún no es posible establecer un número definitivo. No obstante, reconocieron que permanecen 315 cuerpos sin identificar, situación que mantiene la angustia de cientos de familias que siguen buscando noticias de sus seres queridos.
Mientras avanzan los trabajos de recuperación, organizaciones humanitarias y familiares insisten en que la prioridad debe ser agotar todas las posibilidades de localizar personas antes de ejecutar cualquier demolición. Para muchos venezolanos, la esperanza de encontrar con vida a quienes permanecen desaparecidos sigue siendo suficiente motivo para pedir que las máquinas no entren todavía en acción.


