La ministra (e) de Ambiente, Irene Vélez Torres, entregó tres convenios a pueblos indígenas de Magdalena, La Guajira y Cesar para impulsar la restauración ecológica, la gobernanza propia y la protección de los saberes ancestrales.
En un acto que resalta el reconocimiento de la autoridad tradicional indígena, la ministra (e) de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Irene Vélez Torres, oficializó la entrega de tres convenios por un total de $15.000 millones destinados a comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta.
Los recursos, canalizados a través del Fondo para la Vida, beneficiarán al pueblo Arhuaco, a la comunidad indígena de Taganga en Santa Marta y a la Confederación Indígena Tayrona (CIT) en Valledupar. La inversión se ejecutará durante el próximo año y estará enfocada en procesos de restauración, rehabilitación ecológica y fortalecimiento institucional propio.
Durante su intervención, la ministra encargada destacó que estos acuerdos buscan consolidar la gobernanza ambiental desde los saberes ancestrales. “Estamos honrando un esfuerzo histórico de protección del territorio. La meta es fortalecer la autoridad ambiental indígena y respaldar las prácticas culturales que han garantizado el equilibrio con la naturaleza”, afirmó.
Acciones en la Línea Negra
Uno de los ejes centrales del convenio contempla intervenciones en áreas estratégicas de la Línea Negra, territorio sagrado que delimita la cosmovisión y el ordenamiento espiritual de los pueblos de la Sierra Nevada.
Entre las iniciativas proyectadas se encuentran:
- Fortalecimiento de la gobernanza propia: construcción y adecuación de ocho Kankurnas o casas ancestrales, acompañadas de huertas tradicionales.
- Articulación institucional: instalación de mesas técnicas permanentes y acuerdos de coadministración con Parques Nacionales Naturales.
- Política Ambiental Intercultural: formulación de la Guía de la Política Ambiental Propia del Pueblo Arhuaco, como instrumento orientador de su gestión territorial.
El Gobierno Nacional aseguró que estos convenios representan un paso hacia una gestión ambiental con enfoque intercultural, donde las comunidades no solo participan, sino que lideran los procesos de protección y restauración de sus territorios.
Con esta inversión, se busca consolidar un modelo de conservación que combine el conocimiento técnico con la sabiduría ancestral, en una de las regiones ecológicas más estratégicas del país.


