Desde que se conoció la tragedia en Bogotá, el padre de las víctimas no ha logrado estar tranquilo, enfrentando noches sin descanso y días marcados por la desesperación tras la pérdida de sus hijas.
El grito de un padre destrozado resume la magnitud de la tragedia: “me arrancaron el alma, soy un muerto viviente”. Así describe su dolor Eisson Ferney Penagos, luego de conocer el asesinato de su ex pareja y sus dos hijas, en un caso que ha generado conmoción nacional por la crudeza de los hechos y el comportamiento del agresor.
La tragedia ocurrió en una vivienda del barrio Atalayas, en la localidad de Bosa, en el sur de Bogotá, donde fueron halladas sin vida Deisy Anaimer Granados Arboleda, de 42 años, y sus hijas Karen Juliana Penagos Granados, de 20, y Chantal Daniela Penagos Granados, de 17.
Según las investigaciones, el crimen se habría cometido entre la noche del 20 y la madrugada del 21 de marzo, pero solo fue descubierto el 24 de marzo, cuando vecinos alertaron a las autoridades por olores provenientes del inmueble.
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UN PADRE QUE PRESINTIÓ LO PEOR
Antes del hallazgo, ya había señales que inquietaban a la familia. El padre de las jóvenes notó un silencio inusual: llamadas sin respuesta, mensajes extraños y la ausencia total de videollamadas, algo que no era habitual en la comunicación con sus hijas.
Ese presentimiento creció con los días, aunque nunca imaginó el desenlace. El vínculo con sus hijas era cercano, constante, lleno de afecto. Hoy, ese lazo se convierte en el recuerdo más doloroso.
Uno de los símbolos que quedan de esa relación es un peluche llamado “Tomate”, el mismo que una de sus hijas siempre le mostraba con cariño. Hoy, ese objeto representa lo poco tangible que le queda tras la tragedia.
EL ENGAÑO Y LA FRIALDAD DEL AGRESOR
Las autoridades capturaron a Cristian Camilo Valencia Hurtado, pareja de la mujer, quien posteriormente aceptó su responsabilidad en el crimen durante las audiencias judiciales.
Uno de los aspectos que más ha impactado es su comportamiento posterior: permaneció varios días en la vivienda, utilizando los teléfonos de las víctimas para responder mensajes y simular que todo estaba en normalidad.
De acuerdo con las indagaciones, incluso salía de la casa, interactuaba con vecinos y continuaba con su rutina diaria, mientras intentaba ocultar lo ocurrido.
El 25 de marzo, el señalado agresor aceptó los cargos por feminicidio agravado. Un juez ordenó su envío a prisión mientras avanza el proceso judicial.
Debido a la gravedad del caso y la presencia de una menor de edad entre las víctimas, podría enfrentar una condena superior a los 40 años de prisión.


