La floración del guayacán roble transforma las laderas del Ziruma y distintos sectores de la ciudad en un espectáculo natural que cautiva a residentes y visitantes.
Santa Marta amaneció envuelta en tonos dorados. Las laderas del cerro Ziruma y varios sectores urbanos comenzaron a teñirse de amarillo con la llegada de la floración del guayacán roble, uno de los árboles más emblemáticos del paisaje samario, cuya explosión de color marca una de las temporadas más esperadas del año.
Durante estos días, las copas de los árboles se cubren de flores intensas que contrastan con el verde de la vegetación y el azul del cielo, mientras la brisa caribeña mueve suavemente sus ramas, creando una postal natural que se repite en avenidas, parques y corredores viales. El fenómeno no pasa desapercibido y se convierte en un atractivo visual tanto para quienes transitan a diario por la ciudad como para quienes la visitan.
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Más allá de su belleza, la floración del guayacán representa un momento de conexión con la naturaleza en medio del entorno urbano. Cada árbol en flor ofrece una pausa visual, un respiro frente al ritmo cotidiano y un recordatorio del valor ambiental que posee Santa Marta, una ciudad donde la biodiversidad convive con la vida urbana.
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Este espectáculo natural también invita a la ciudadanía a cuidar y proteger los espacios verdes, entendiendo que la preservación de especies nativas como el guayacán es fundamental para mantener el equilibrio ecológico y la identidad paisajística de la capital del Magdalena.


