La situación ha encendido alertas entre líderes comunitarios, quienes cuestionan la ausencia de respuestas institucionales frente al avance del grupo armado ilegal.
Una jornada que debía cerrar con el sustento diario terminó convertida en una pesadilla para cerca de 50 pescadores artesanales, quienes quedaron a la deriva durante la tarde del primer lunes festivo de 2026 en la Ciénaga Grande de Santa Marta, luego de ser interceptados y amenazados por hombres armados que les prohibieron continuar con su labor ancestral.
Los hechos ocurrieron en el sector conocido como Trece, donde los pescadores fueron despojados de los motores fuera de borda y de las mantas de pesca, dejándolos sin posibilidad de regresar por sus propios medios. La acción, que habría sido presentada como un castigo ejemplar, buscó impedir que las comunidades continúen navegando y realizando faenas en este complejo lagunar del departamento del Magdalena.
La noche se convirtió en una prueba extrema de supervivencia. En completa oscuridad, enfrentando fuertes ráfagas de viento, sin señal de comunicación y expuestos a los peligros naturales del ecosistema, los pescadores permanecieron más de siete horas esperando auxilio. El rescate solo fue posible gracias a otros compañeros que, pese al miedo, decidieron internarse en la ciénaga para localizarlos y llevarlos a salvo.
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Aun bajo amenaza constante, muchos jefes de hogar del municipio de Puebloviejo continúan saliendo a faenar, empujados por la falta de empleo y la necesidad de alimentar a sus familias. “Uno sabe que corre peligro, pero el hambre no espera. Esa noche pensamos que no salíamos vivos. No era solo el miedo a esos hombres, también a la ciénaga misma”, relató uno de los afectados, quien pidió mantener su identidad en reserva por razones de seguridad.
La situación ha encendido alertas entre líderes comunitarios, quienes cuestionan la ausencia de respuestas institucionales frente al avance del grupo armado ilegal en la Ciénaga Grande de Santa Marta, un territorio históricamente golpeado por la violencia y que aún carga con las heridas de episodios que dejaron decenas de familias enlutadas.
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Violencia y crisis ambiental: una amenaza doble
Al panorama de inseguridad se suma una emergencia ambiental que agrava la precariedad de las comunidades. La proliferación de la planta invasora Hydrilla verticillata ha reducido drásticamente la navegabilidad de la ciénaga, bloqueando rutas tradicionales y dificultando aún más la pesca y el transporte.
Dirigentes sociales advierten que la combinación de control armado, deterioro ambiental y falta de intervención estatal está llevando a los pueblos palafíticos a un punto crítico, con riesgo de hambruna y un posible desplazamiento forzado. Denuncian, además, que la zona estaría siendo utilizada como corredor estratégico para actividades ilícitas, lo que incrementa la tensión y el temor entre los habitantes.


