La obra, que ya hace parte de la galería de expresidentes, rompe con la tradición al mostrar al mandatario vestido de blanco, con un lápiz en la mano y rodeado de elementos que evocan el campo colombiano.
Quienes recorran desde ahora la galería de expresidentes en la Casa de Nariño se encontrarán con un retrato muy distinto a los demás. Gustavo Petro ya tiene su cuadro oficial instalado y, a diferencia de los tradicionales retratos con trajes oscuros y fondos sobrios, el suyo apuesta por una escena llena de simbolismo.
La pintura muestra al mandatario vestido completamente de blanco, sentado y sosteniendo un lápiz amarillo. Detrás de él aparecen montañas, una casa campesina y varias mariposas amarillas, elementos que hacen referencia al campo colombiano y evocan el universo literario de Gabriel García Márquez.
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Con esta obra, Petro rompe el estilo que durante décadas ha caracterizado la galería presidencial. En lugar de un retrato protocolario, el cuadro incorpora referencias personales, culturales y políticas que buscan reflejar parte de la visión que marcó su gobierno.
El presidente también había manifestado que su retrato debía hacer parte de la galería junto a los de Juan José Nieto y José María Melo, dos exmandatarios cuya inclusión ha promovido durante su administración por considerar que fueron relegados de la historia oficial.
Con su instalación, el retrato de Gustavo Petro pasa a integrar la colección de expresidentes de la Casa de Nariño, convirtiéndose en una de las obras que más rompe con la estética tradicional de ese histórico salón.


