Una reunión en el auditorio de la Unidad para la atención y reparación integral a las víctimas fue el escenario ideal donde algunas mujeres víctimas del Magdalena dieron a conocer las experiencias a raíz del flagelo.
El conflicto armado ha afectado a niñas, jóvenes, mujeres adultas y adultas mayores. En la actualidad se vive un clima de “paz” en ese sentido las violencias de este orden actualmente provienen de otros hechos no asociados al conflicto armado.
Cada vez existen mujeres que han sido objeto de desplazamiento forzado y violencia sexual, pero a la vez vienen dándose respuestas de entes jurídicos internacionales cómo la Corte Interamericana de Derechos Humanos y La Comisión Interamericana.
Existen marcos jurídicos para hacer frente a ese flagelo, pero lo cierto es que la afectación y el daño que se causa a la vida de las mujeres es más grave y no hay norma qué les ayude a superar ese dolor.

“No es fácil hablar de violencia sexual, uno busca fuerza de dónde no la tiene, somos tratadas cómo botines de guerra” Señala Juana María Dávila Hernández, Directora de la Fundación de la Mujer Paz y Esperanza, quien fue víctima de este tipo de violencia.
La dignidad de las mujeres debe ir más allá de leyes, decretos e instrumentos jurídicos. Debe ser un asunto de ser mujeres y no de creer solamente que la violencia sexual sucede por qué ” las mujeres se buscan lo que les pasa”.
” Las heridas sanan, pero las cicatrices quedan, esas son las que nos recuerdan lo que nos pasó, pero también son la forma en que nos damos esperanza, fe y fortaleza para salir adelante y continuar viviendo” Puntualizó Juana Dávila.
La Unidad de Víctimas de Santa Marta está realizando actividades para tratar de forma humana a las mujeres. Sobre dichos eventos este medio estará atento para informar a la ciudadanía Samaria.
