En medio del desfile folclórico de las Fiestas del Mar, el baile, la alegría y las coreografías preparadas por los grupos y comparsas, tuvieron que compartir el protagonismo con un antagonista que parece incontrolable, la informalidad.
Sin ningún tipo de restricción, vigilancia, vendedores informales, ofrecían desde la caja de chicle, el megaboli y hasta el agua, interrumpiendo el desarrollo de las coreografías.
Las autoridades y la organización, parece no poder controlar la situación que se convirtió en un lugar negro en la festividad marina, para quienes querían pasar un rato agradable apreciando el espectáculo, además de quienes prepararon su rutina de baile.
Cristian Lobo, un padre de familia que llevó a sus hijos Jorge Mario y Karina a ver el recorrido y aseguró que “el desorden es lo que hace que la fiesta no se disfrute con tranquilidad, una muchacha estaba bailando y se tropezó con un vendedor de paletas”.
Como el caso que mencionó el ciudadano, se registran otro más, por la falta de regulación y el irrespeto para el espacio donde desfilan los protagonistas de la fiesta.

