El genoma, cuyo nombre científico es B1.1.X, ha demostrado ser más contagioso, pero no necesariamente más letal.
El Instituto Nacional de Salud (INS) publicó una nueva actualización del rastreo que les hace a las variantes del coronavirus que circulan en Colombia.
Identificó que las subvariantes de ómicron más predominantes en territorio nacional eran la BA.4 y la BA.5, asociadas a mayor capacidad de transmisión, sin embargo, a finales de octubre la tendencia empezó a cambiar.
Según los registros que se obtuvieron el pasado 23 de octubre, la subvariante BA.4 empezó a representar alrededor del 15 % de los contagios nuevos y la BA.5 cayó a cerca del 50 %.
Lo anterior, debido a que había empezado a circular un nuevo actor en el panorama epidemiológico del país: la BQ.1, conocida también con el apodo de ‘perro del infierno’.
Se trata de una subvariante que ha causado revuelo a nivel internacional y que ya se ha detectado en otros países de la región como Chile y México.
Los últimos registros que tiene el INS de ‘perro del infierno’ apuntan a que representa cerca del 34,6 % de los contagios nuevos de coronavirus que se dan en Colombia. En otras palabras, uno de cada tres colombianos que se enferman de covid-19 en la actualidad contraen ‘perro del infierno’.
¿Por qué el nombre?
Cabe destacar que el apodo de ‘perro del infierno’ no es oficial. Se trata, más bien, de un remoquete que ha sido difundido entre los medios de comunicación. Más aún porque generalmente les venían asignando nombres del alfabeto griego a las subvariantes.
Incluso algunos expertos han lanzado críticas contra el término ‘perro del infierno’ por considerar que puede provocar una alarma que es, a todas luces, innecesaria.
“En este momento, la OMS no ha considerado que esta variante sea de preocupación, es posible que logren evadir en parte la respuesta inmunológica, por eso logran predominar en otra variante… No es una variante que genere preocupación ni alarma en el mundo médico. Hay que estar atentos a la evolución de estas mismas variantes”, dijo en una entrevista con Semana el epidemiólogo Carlos Álvarez.
