Este corregimiento golpeado por la violencia, reclama ayuda del Estado. Llevan 3 años esperando que le suministren agua potable y les cumplan con los compromisos adquiridos.
Un jagüey, que es más lodo que agua, y que queda a 1 kilómetro de la población, es el único lugar donde 19 familias del corregimiento de Salaminita obtienen el preciado líquido, para cocinar y para los quehaceres del hogar.
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Ese pozo, que comparten con vacas y caballos, por la falta de lluvia se ha ido secando poco a poco, lo cual está desembocando en una crisis más aguda de la que ya viven. Hoy se sienten abandonados por el Estado pese a que son víctimas del conflicto armado, ya que un 7 de junio de 1999 los paramilitares los obligaron a salir de sus tierras.
En este pueblo las personas viven en improvisados cambuches construidos de forma artesanal, sin salud, educación, gas y agua. Lesa Daza, líder social, insiste que el Gobierno ha sido indiferente con sus problemáticas y no les ha importado su retorno.
GOBERNACIÓN DEL MAGDALENA Y ALCALDÍA DE PIVIJAY NOS LES HA CUMPLIDO
Todo indica que han hecho caso omiso a la sentencia del Tribunal de Antioquia fallada en 2016, que además de devolverles los predios a los desplazados, conmina al Estado, representado en la Alcaldía de Pivijay y la Gobernación del Magdalena, a posibilitar una estabilidad en vivienda y garantizándoles acceso a salud y educación.
“Para esta comunidad la permanencia en el territorio cada vez es más difícil, ya que no se cuenta con apoyo institucional. Tal parece que para el Estado no existimos. Hemos hecho muchos llamados a la Gobernación y a la Alcaldía de Pivijay, sobre las necesidades de estas familias que luchan cada día por sobrevivir, en especial para que se les garantice el mínimo vital de agua”, expresó Daza.
Durante 20 años huyeron de su territorio y volvieron con la ilusión de ser apoyados por las Instituciones estatales, pero esto no ha sido más que una quimera. No ha valido los bloqueos de vías y las peticiones dirigidas solicitando ayuda urgente. Salaminita se siente revictimizada.
“Los esfuerzos son nulos. Aún seguimos consumiendo agua de un jagüey que está a punto de secarse, y además también seguimos compartiendo el agua con los animales”, agregó la líder Lesa Daza.
ENFERMEDADES Y RIESGOS ANTE LA PANDEMIA
Otro factor que le preocupa a la comunidad es el alto grado de vulnerabilidad ante posibles enfermedades. Les inquieta el Covid-19 y también otras plagas asociadas a la ingesta de agua en estado de putrefacción.
Ancianos y niños tienen brotes en su cuerpo. La diarrea y vómitos son constantes entre la comunidad. Salaminita como todos los pueblos del Caribe, enfrenta los fantasmas de la guerra día a día.
La entrada del corregimiento queda a la altura del kilómetro 17 de la vía que comunica a Fundación con Pivijay. La comunidad espera respuestas.
