La muerte de una niña de 10 años volvió a encender las alarmas en Zapayán. El municipio ya suma dos menores fallecidos este año en casos relacionados con el dengue, mientras la comunidad pide acciones urgentes para frenar la enfermedad,
La historia de Salomé Ortega terminó de la manera que ninguna familia quisiera vivir. La niña, de tan solo 10 años, que se encontraba mal por síntomas muy similares al dengue y, pese a los esfuerzos por salvarle la vida, falleció, dejando un profundo dolor en su familia y en todo el municipio.
Con este nuevo caso, la comunidad recuerda inevitablemente el fallecimiento de Lian José, un menor que murió en abril tras presentar síntomas relacionados con el dengue. Dos historias que, aunque ocurrieron en momentos distintos, hoy vuelven a poner en evidencia la preocupación por el impacto que está teniendo la enfermedad en la población infantil.
En las calles del municipio el ambiente es de incertidumbre. Los habitantes aseguran que el mosquito transmisor sigue representando una amenaza y que cada vez son más frecuentes los comentarios sobre personas con fiebre y otros síntomas compatibles con el dengue, especialmente en sectores donde abundan los criaderos.
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Para muchos residentes, el problema va más allá de un caso puntual. Consideran que se necesitan jornadas de fumigación más constantes, campañas de sensibilización casa por casa y un seguimiento más estricto para evitar que el mosquito continúe propagándose.
La muerte de la menor también volvió a abrir el debate sobre la importancia de acudir a tiempo a los centros asistenciales cuando aparecen señales de alerta. Líderes de la comunidad insisten en que una atención oportuna puede marcar la diferencia, sobre todo cuando se trata de niños.
Mientras familiares y vecinos lamentan la partida de Salomé, en Zapayán crece el llamado para que las autoridades de salud intensifiquen las acciones de prevención y control. El temor de la comunidad es que esta no sea la última víctima y que el dengue siga dejando luto en el municipio.


