Un estudio en más de 300 ciudades advierte que los días calurosos elevan el riesgo de asesinatos, abriendo un inquietante vínculo entre clima y violencia.
Durante décadas, América Latina ha cargado con el rótulo de ser la región más violenta del planeta. Las cifras lo respaldan: con apenas el 8 % de la población mundial, concentra cerca del 37 % de los homicidios. Sin embargo, un nuevo factor comienza a abrirse paso en este complejo panorama: el calor.
Una investigación del proyecto Salud Urbana en América Latina (Salurbal), publicada en la revista Environmental Research, puso bajo la lupa la relación entre las altas temperaturas y la violencia letal. El análisis abarcó 307 ciudades de países como Brasil, Colombia, México, Chile y Panamá, entre otros, y revisó más de 1,1 millones de homicidios ocurridos entre 2000 y 2019.
El hallazgo no pasó desapercibido: en días más calurosos, el riesgo de homicidios aumenta en un 14 %. Además, se estima que el 6,21 % de estos crímenes estaría vinculado a la exposición al calor, mientras que los eventos de calor extremo también aportan, aunque en menor medida, a la mortalidad violenta.
Las ciudades donde el calor es constante con temperaturas superiores a los 18°C durante todo el año presentan un panorama aún más preocupante. En estos entornos, el riesgo de homicidios se eleva hasta un 28 %, consolidando una relación que, aunque no es la principal causa, sí empieza a ganar peso en el análisis de la violencia.
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El estudio también identificó a los más vulnerables: los adultos entre 25 y 39 años encabezan la lista, seguidos por jóvenes entre 15 y 24 años. Ambos grupos muestran una mayor asociación entre altas temperaturas y muertes violentas.
Pero, ¿por qué el calor podría influir en estos comportamientos? Los investigadores plantean dos caminos. El primero, biológico: las altas temperaturas pueden incrementar la irritabilidad, el estrés y la agresividad. Incluso, el calor genera un desgaste físico que podría hacer más letales las agresiones.
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El segundo camino es social. En días calurosos, más personas salen a las calles, aumentan las interacciones y, con ellas, las posibilidades de conflicto. A esto se suma el consumo de alcohol, que intensifica la violencia. De hecho, por cada grado Celsius que sube la temperatura, la criminalidad en personas bajo efectos del alcohol aumenta significativamente más que en quienes están sobrios.
Aun así, los expertos son claros: el calor no reemplaza factores estructurales como la desigualdad, el crimen organizado o la debilidad institucional. Pero sí se convierte en una pieza adicional del rompecabezas que no puede seguir ignorándose.
Frente a este escenario, los investigadores plantean una nueva línea de acción: integrar políticas climáticas con estrategias de seguridad. Desde sistemas de alerta por altas temperaturas hasta planes urbanos que mitiguen el calor, la idea es anticiparse a un fenómeno que podría intensificarse con el cambio climático.


