La líder opositora sostuvo un encuentro privado con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un momento clave para el futuro político venezolano, marcado por la captura de Nicolás Maduro y la incertidumbre sobre el rumbo de una eventual transición.
En un escenario cargado de simbolismo y tensión política, María Corina Machado llegó hasta la Casa Blanca para reunirse en privado con el presidente estadounidense Donald Trump, en un encuentro que reaviva el debate sobre el papel de la oposición venezolana en el nuevo tablero de poder que se configura tras la captura de Nicolás Maduro.
La reunión, que se desarrolló lejos de los reflectores y sin declaraciones oficiales inmediatas, ocurre en un contexto de profundas divisiones internas y expectativas internacionales sobre lo que vendrá para Venezuela.
Machado, una de las figuras más visibles y persistentes del antichavismo, aparece nuevamente en el centro de la escena, esta vez dialogando directamente con quien ha sido uno de los actores externos más influyentes en la crisis venezolana.
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El acercamiento entre Trump y la dirigente opositora se produce en medio de dudas sobre la capacidad de liderazgo y cohesión de la oposición, así como sobre el respaldo real que Machado mantiene dentro del país. Aun así, su presencia en Washington envía un mensaje claro: las decisiones que se tomen fuera de las fronteras venezolanas siguen siendo determinantes para el futuro político de la nación.
El encuentro también refleja la complejidad del momento actual, donde conviven negociaciones, desconfianzas y lecturas cruzadas sobre la transición, mientras distintos sectores buscan posicionarse como interlocutores válidos ante la comunidad internacional.


