Los recientes hechos violentos en Gaira y Masinga volvieron a poner bajo la lupa la estrategia de seguridad en Santa Marta y abrieron preguntas sobre dónde deberían concentrarse los esfuerzos de la Policía Metropolitana.
La seguridad de Santa Marta vuelve a estar en el centro de la conversación después de dos hechos violentos registrados durante los últimos días. Un hombre quedó gravemente herido tras un ataque a tiros en Gaira y un hombre oriundo de Ciénaga fue encontrado sin vida en una trocha de Masinga, situaciones que mantienen la preocupación entre habitantes y comerciantes.
En medio de este panorama, algunos comerciantes y seguidores de medios locales han comenzado a cuestionar las prioridades de la Policía Metropolitana bajo el mando del coronel Fabio Enrique Sierra Sierra. Una de las principales inquietudes está relacionada con los controles realizados en establecimientos nocturnos, mientras sectores considerados vulnerables por la comunidad reclaman mayor presencia policial.
La discusión no apunta a cuestionar la necesidad de realizar controles en bares y establecimientos nocturnos, sino a preguntarse si estos operativos están acompañados de una estrategia suficiente de vigilancia en zonas donde también se presentan hechos de violencia. Para algunos comerciantes, la presencia de uniformados debería distribuirse de manera que permita anticiparse a situaciones de riesgo y no únicamente reaccionar después de que ocurran.
Los recientes casos de Gaira y Masinga han reforzado esas preocupaciones. En el primero, un ataque armado dejó a un hombre gravemente herido, mientras que en el segundo las autoridades investigan las circunstancias en las que un ciudadano de Ciénaga terminó muerto en una zona rural. Ambos hechos permanecen bajo investigación y serán las autoridades las encargadas de establecer responsables y móviles.
La discusión sobre la seguridad también toca directamente la imagen de Santa Marta como destino turístico. Comerciantes y ciudadanos esperan que la estrategia de la Policía Metropolitana logre traducirse en mayor presencia en los sectores donde existe riesgo y en resultados concretos frente a los hechos violentos. Por ahora, la pregunta que queda sobre la mesa es si la distribución actual de los operativos está respondiendo realmente a los puntos donde la ciudad más necesita seguridad.


