En lo profundo de la selva colombiana, donde moverse de un punto a otro puede tomar horas, una estructura antigua se ha convertido en una solución tan útil como peligrosa.
Se trata de un cable aéreo de más de 50 años, que con sus 800 metros de longitud y unos 300 metros de altura permite reducir trayectos de hasta tres horas a solo minutos.
Sin embargo, lo que para algunos podría parecer una alternativa ingeniosa, para quienes lo utilizan a diario representa un riesgo constante. Cada cruce implica literalmente arriesgar la vida, suspendidos en el aire sobre un terreno difícil, sin mayores garantías de seguridad.
Aun así, la necesidad pesa más que el miedo. Habitantes de la zona utilizan este sistema para transportarse y movilizar productos, evitando largos recorridos por caminos complejos, muchas veces intransitables por las condiciones del terreno.
Este tipo de prácticas deja en evidencia las brechas gigantes de infraestructura en varias regiones del país, donde las comunidades deben recurrir a soluciones extremas para poder conectarse y desarrollar sus actividades diarias.


