El tradicional recorrido aún no comienza, pero ya están definidos los templos que marcarán esta jornada de recogimiento que une a fieles y visitantes.
Santa Marta se prepara para vivir una de sus jornadas más simbólicas de la Semana Santa. Este Jueves Santo, miles de devotos y turistas volverán a tomarse las calles en un recorrido cargado de fe, silencio y tradición: la visita a los siete templos.
Aunque la jornada aún no inicia, la expectativa crece alrededor de este acto que, año tras año, transforma la ciudad en un escenario de reflexión espiritual y también de encuentro cultural. No se trata solo de rezar, sino de caminar, observar y conectarse con una práctica que ha pasado de generación en generación.
El recorrido, que muchos inician desde tempranas horas de la tarde y se extiende hasta la noche, tiene como uno de sus puntos de partida más representativos la Iglesia de Pescaito, un lugar emblemático por su historia y arraigo en la comunidad samaria. Desde allí, los fieles avanzan hacia otros templos, completando un circuito que simboliza el acompañamiento a Jesús en su camino previo a la crucifixión.
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Cada parada tiene su propio ambiente: luces tenues, altares decorados conocidos como monumentos y un silencio que contrasta con el movimiento de la ciudad. Es un espacio donde la oración, las promesas y la introspección se mezclan con la curiosidad de visitantes que descubren en esta tradición una forma distinta de vivir la Semana Santa.
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Más allá de lo religioso, la visita a los siete templos también se ha convertido en un atractivo turístico. Familias enteras, grupos de amigos y viajeros se suman al recorrido, generando una dinámica que combina espiritualidad con identidad local.
Autoridades y parroquias ya tienen todo listo para la jornada, en la que se espera una alta afluencia de personas. La recomendación es planear el recorrido con tiempo, hidratarse y mantener el respeto por los espacios sagrados.
Así, Santa Marta se alista para una noche donde cada paso cuenta, cada templo guarda un significado y cada visitante se convierte en parte de una tradición que sigue viva, latiendo con fuerza en el corazón de la ciudad.


