A puertas del Mundial, la Tricolor deposita su esperanza en un James que no solo debe brillar con el balón, sino cargar con el peso de guiar a todo un país.
La cuenta regresiva hacia el Mundial 2026 ya comenzó, y con ella, la ilusión de todo un país. Colombia vuelve a mirar a su ’10’, esperando que esta vez no solo deslumbre con su talento, sino que asuma un rol aún más grande: liderar.
Para James Rodríguez, el reto no es menor. A sus espaldas carga el recuerdo imborrable de lo que hizo en Brasil 2014, cuando se convirtió en el alma de la Selección y firmó una actuación histórica que aún vive en la memoria de los aficionados.
Hoy, el escenario es distinto. El tiempo ha pasado, las condiciones han cambiado y, probablemente, el Mundial de 2026 será su última oportunidad en una cita orbital. Por eso, la exigencia va más allá del talento: Colombia necesita un líder.
Y ahí aparece la sombra de un referente inevitable: Carlos Valderrama.
El ‘Pibe’ no solo fue un genio con el balón, sino un verdadero conductor dentro del campo. Su voz, su carácter y su presencia marcaron una época en la Selección Colombia, convirtiéndolo en el eje de un equipo que no solo jugaba bien, sino que sabía a qué jugaba.
Ese es, precisamente, el salto que hoy se le exige a James.
Porque aunque el mediocampista ha demostrado su calidad —incluyendo una eliminatoria sólida con goles y asistencias clave—, el verdadero desafío está en asumir ese liderazgo constante, ese que se mantiene incluso cuando el balón no aparece.
La Selección dirigida por Néstor Lorenzo no parte como la gran favorita en el papel, especialmente en un grupo donde selecciones como Portugal también aspiran al primer lugar. Sin embargo, el fútbol no siempre responde a la lógica… y ahí es donde entra la figura del capitán.


